lunes, 20 de julio de 2015

El evangelio del terror

Es necesario romper con todas las tradiciones que sean perjudiciales. En el cristianismo así como en cualquier otra religión hay demasiada tradición, y una buena parte de ésta ha afectado de manera negativa el crecimiento o desarrollo sano del individuo coartando la libertad que verdaderamente ofrecen las buenas nuevas de Jesús. Es por la forma "en que", y los pasajes bíblicos que se utilizan, muchas veces es una enseñanza basada en una tradición doctrinal.
La palabra tradición proviene del sustantivo latino traditio, y éste a su vez del verbo tradere, «entregar». Su concepto como tal es el siguiente:
Tradición es el conjunto de patrones culturales que una o varias generaciones hereda de las anteriores y, usualmente por estimarlos valiosos, trasmite a las siguientes.

Se llama también tradición a cualquiera de estos patrones. El cambio social altera el conjunto de elementos que forman parte de la tradición.
Se considera tradicionales a los valores, creencias, costumbres y formas de expresión artística característicos de una comunidad, en especial a aquellos que se transmiten por vía oral. Lo tradicional coincide así, en gran medida, con la cultura y el folclore o «sabiduría popular».
La visión conservadora de la tradición ve en ella algo que mantener y acatar acríticamente. Sin embargo, la vitalidad de una tradición depende de su capacidad para renovarse, pudiendo cambiar de forma para adaptarse a nuevas circunstancias, sin perder por ello su sentido.

La palabra tradición tiene un sentido particular (y muy acertado) en los escritos del metafísico francés René Guénon. Con ella alude Guénon a contenidos y prácticas trasmitidos durante siglos que mantienen abierta una vía de acceso a la verdad absoluta del hombre y la relación de éste con Dios y la creación. Esta Tradición es única para toda la humanidad, y se manifiesta de forma superficialmente distinta en los diferentes pueblos y religiones, variando según el contexto, pero manteniendo siempre intacta la parte interior o esotérica (que es inalterable e incomunicable).

El Evangelio del terror no es otro que ese que aún se predica en muchos lugares donde el principal y casi único recurso para persuadir a las personas bien sea para aceptar el mensaje o en algunos casos hasta para mantenerlos dentro del local y fieles a su congregación es el mensaje de terror, de castigo y condenación acerca de un infierno que no deja de ser real, pero que tampoco fue ni de cerca el centro de las predicaciones de Jesús.

El problema, es que muchos oradores transmiten el mensaje de acuerdo a como ellos lo recibieron, incluso logran re-transmitir los temores que les fueron impartidos en un momento determinado cuando alguien les predicó.
Si bien muchos fueron enseñados de esta manera, realmente no es la más conveniente o inteligente, pues ésto suele generar una decisión forzada por la coacción ejercida por el temor inducido y no por "Las Buenas Nuevas" sino por "Las Malas Nuevas", cosa que genera creyentes frustrados y no convertidos reales, quien llega por coacción no siempre permanece, y cuando lo hace, se mantiene no muy a gusto que digamos, ya que no fue "un placer" el llegar allí, sino "un alivio poder esconderse del diablo en este refugio que me pintaron" y a la vez demuestra la poca efectividad en la Palabra de parte de quienes le predicaron. Hay mucho más que eso para evangelizar, ya sabemos que Jesús sí predicó acerca de ese lugar y no estoy negando su existencia, sin embargo es necesario desenredar muchos dogmas humanos que permanecen hasta hoy.
Una mujer puede elegir cómo hablarle a su esposo: "No me seas infiel porque te vas a morir de SIDA" O tal vez: "Quiero que estés conmigo y me seas fiel porque te amo y decidí pasar el resto de mis días contigo..."

Lo anterior es sólo un ejemplo pero en el fondo es igual, decide bien antes de predicar:
Tu mensaje puede ser de terror como el de muchos, o de amor, como el de Jesús...

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